¡Mantén la cabeza fría!

Armando Janssens
23 DE OCTUBRE 2016

Lo digo con frecuencia a mí mismo: “No te enerves, mantén la cabeza fría”. Y lo digo también con frecuencia a mis más cercanos amigos y colaboradores: “No te enganches tan fácil, guarda el equilibrio, mantén tu cabeza fría”. Igualmente lo quiero repetir a mis socios de tantas organizaciones sociales de promoción y de derechos humanos que diariamente están confrontados con problemas y situaciones que sobrepasan su alcance y capacidades: “por favor, no te ahogues, mantén tu cabeza fría”.

Rodeado de tantos hechos que preocupan y reflejan la decadencia de nuestra convivencia. Rodeado de un ambiente en el que la violencia, en sus formas más crueles, se pone presente. Rodeado de una vida pública masacrada en dinámicas contradictorias tanto en el campo político como en lo social. Rodeado de discusiones estériles con verdades supuestamente evidentes que se convierten en mentiras contundentes. Rodeado de desinformación bien pensada en cenáculos secretos para ser vendidos como las grandes verdades y para llegar como dijo el papa Francisco a una forma de terrorismo. Rodeados de un supuesto deseo de diálogo, pero sin condiciones, así que simplemente no hay diálogo. Rodeado de palabras de paz con sus banderas, manifestaciones y reuniones masivas que en su intención no tienen nada de paz, sino todo de guerra.

Pero además, y especialmente rodeado de miles de personas que a diario buscan que comer y donde conseguir algo para su familia, sin olvidar delante de mis ojos a los menesterosos buscando en la basura. Miles de personas que mueven cielo y tierra para encontrar el medicamento apropiado para los flagelos y enfermedades que desde antaño estaban erradicadas y por nuestro descuido se ponen presente con su poder mortífero.

Y en medio de todo eso mantengo mi opinión y posición con insistencia: ¡Mantén tu cabeza fría!, no te dejes llevar demasiado por tus emociones y sentimientos que nos llenan de un profundo sentimiento de indignación y hasta desesperación. En medio de este huracán que nos envuelve y arrastra, necesitamos la solidez y la madurez para convertirnos en portadores del futuro, de un cierto optimismo realista, que expresa la riqueza de nuestra experiencia acumulada y nuestra vocación humana fortalecida en el trabajo social.

Observa con detenimiento los centenares de iniciativas que por todas partes surgen para aliviar la situación de escasez y hambre que nos rodea. Observa las ollas comunitarias que en tantas partes los voluntarios preparan los fines de semanas y dan apoyo nutricional desde la solidaridad. Observa los miles –repito, miles–de meriendas, comidas y complementos nutricionales que por tantas partes se ofrecendesde nuestras iglesias y en especial desde las vicarías pastorales. Observa los centenares de iniciativas que promueven tantas fundaciones y grupos de voluntarios para dar un momento de alegría y de desahogo a nuestros niños en medio de tanta pena. Observa con tus propios ojos lo pequeño y lo grande que se hace cercano a ti y añade juntos con los demás tu propio aporte. Vive con intensidad la multiplicación de los panes, como símbolo actual, por insignificante que puede parecer, frente a la gravedad de los problemas.

Así nuestra actuación no puede ser sesgada ni cerrada. Por motivo de mis más profundas convicciones cristianas quiero estar abierto al otro, también si piensa y actúa diferente a mis pensamientos y valores. Espero que nunca deba apelar a la violencia, al insulto y a la degeneración de prejuicios. “Griego con los griegos, judío con los judíos”, como dictaminó san Pablo, y lo traduzco en mi situación actual, quiero entrar en su piel y su pensar para desde adentro traducir eso en valor y quizás aportar en su conversión. Juntos con todos y todas de buena voluntad debemos apuntar con esperanza el futuro.

Pero sí tengo mis convicciones que no se compran ni se venden. No acepo la mentira y los juegos jurídicos que hoy en día dominan los actos gubernamentales. No acepto la propaganda que tapa la cruda realidad de la vida de inseguridad. No acepto las acciones policiales que se dan el derecho de matar a los hampones y a sus vecinos inocentes. No acepto el permanente trancazo que sufren las fuerzas de oposición de parte de los poderes instituidos, de manera tan sesgada.

Y estoy con mi gente del barrio cuando busca solidariamente formas para sobreponerse a su situación de pobreza y hasta en algunos casos de hambre. Estoy con mi gente cuando habla de sus niños y de su futuro que ellos siempre mantienen con pizcas de esperanzas. Estoy con mi gente que quiere salir de este permanente rollo de angustia y temor, y juntos encuentran un alivio en la oración compartida. Estoy con mi gente cuando grita su derecho de ser oído y quiere expresarse en un revocatorio, tan cerca y tan lejano. Estoy con mi gente cuando en intimidad habla con su Dios que es sin duda Amor.

¡Mantén tu cabeza fría! Vive tu derecho de participar en democracia, pero no la conviertas únicamente en “Emocracia” en la que gana el sentimiento y no la convicción.

Guarda fuerza para mañana y pasado mañana. La seguiremos necesitando.

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