Maryluz Schloeter : Yendo y viniendo en la cuerda floja

Se cuenta que hubo un famoso equilibrista quien en una conocida ciudad, se atrevió a cruzar a la altura de 40 o 50 pisos, un edificio a otro en la cuerda floja. Sin red o soportes, solo se tenía a sí mismo en triunfo o en silente y definitiva caída. Le acompañaban la emoción, el suspenso, la incógnita y el miedo de quienes le seguían. Se vivía una gran alternativa, él podía hacer latir corazones alocadamente y sufrir la expectante ansiedad en sus seguidores, pero allí estaban también quienes iban solo a observar, y fríamente, los interesados en apostar.

¿Se nos parece? ¿Se vive -no se percibe muy bien- en la cuerda floja? ¿Se pasa del modelo constitucional al modelo comunal casi sin notarlo y sin percibir en su avance el riesgo? Casi insensiblemente se va modificando el léxico a tono con las acciones que, a dedo, siguen marcando rumbo y destino en la duplicidad primero y luego en el reemplazo de un “algo” por otro “algo”, que finalmente entre murmullos –“no es constitucional” -, se termina aceptando en un perverso condicionamiento múltiple.

Desde que nos cedulamos, a cada paso y en cada gestión cívica, nos identifica la cédula de identidad (CI) como ciudadanos venezolanos. Su seguimiento electrónico hoy es el transparente registro de dinámica individual. Los biógrafos del futuro no se quemarán las pestañas entre añejos legajos, sino que verán con lupa los minuciosos registros de nuestra vida urbana nacional dados por la CI. Resulta que eso ahora no basta, se ha convocado para solicitar y recibir muy rápido, el Carnet de la Patria, credencial del Estado Comunal, siendo la meta 15 millones de carnets. Es así, esa cifra ¿será igual en votos?

Volvemos a la cuerda floja, a la reanudación y realización de un diálogo cuestionado cuya agenda presuntiva debe incluir elecciones regionales. Suena lógico, esperanzador y bonito ¿verdad? Pues, al concluir una actividad académica en su país de origen, uno de los personajes facilitadores dijo que en Venezuela hay posiciones irreconciliables ¡Eureka! así quedó publicado… No se trata de personalidades, de ideologías, de modas académicas. La propuesta estructural del Estado Comunal es irreconciliable con la Constitución. Que (aunque) no ha sido derogada, se la erosiona a pellizcos o mordiscos porque así quedará solo un vacío que se llena y punto.

No parece sensato elegir representantes de estructuras inexistentes; sería como tratar de sacar boletos para viajar con Campanilla y Peter Pan. Si en el Estado Comunal oculto, y cada vez más vigente, no hay municipios, ¿es pertinente elegir a sus miembros? Según la Constitución, vamos a elecciones regionales. Parece (que con) el mismo equipo, el registro electoral, los procedimientos inventados o súper interpretados, calendarios obtusos y las mágicas máquinas del frustrado RR, cada uno de esos componente erigiéndose violatorio de la Constitución o dudoso constitucionalmente. Después del 6D ¿se les reparó concienzudamente? Quizás…

Podría ser que para estar más próximo al entendimiento y el acuerdo –la anhelada paz– los participantes en conversaciones, guiados por facilitadores, acuerden la conveniencia de compartir… eso…el mando… Ahora, qué, cómo y dónde, están sin determinar; eso sí bajo nombre creativo al estilo neurolingüístico, porque eso de co-gobierno suena a Mitterrand (y) el acuerdo centro izquierda como que pasó de moda.

Aterricemos de la fantasía; las marchas del 23 de enero lo dicen en alta voz. No hay poder de convocatoria mayor que el anterior sino menor, se pierde confianza. No se quedan vacías, sino que se llenan las plazas del registro para el Carnet de la Patria. Las personas acuden a la promesa de alimentos y a la implícita renovación de la pendiente casita. Metas inmediatas de sobrevivientes.

Surgen a varios niveles, sorprendentes y ágiles mecanismos de obtención de alimentos y medicinas, ropas, dietas novedosas acomodaticias de lo que se consigue, trueques que rebasan las discretas líneas de parentesco o vecindario, gestiones casi mágicas para pagos sin moneda o efectivo, billetes bíblicos, pues fallecen y resucitan. Acomodación que supera el conflicto, ¿la crisis? No sirve maquillarla ni negarla. Aún está allí, en sus indicadores negativos y tragedias; está en los residuales de los más desamparados, pobres o sin tantas picardías.

Parece que el todo se volvió proceso, el experimento continúa yendo y viniendo por la cuerda floja, mientras se repiten las reacciones, de emoción, ansiedad y susto; no se conoce el desenlace. Otros observan y creen que apuestan a ganador. Las mujeres de las colas del hambre, los jefes de familia asfixiados en deudas y carestías, las personas todas de las esperas en los bancos, los dolientes de todas las violencias, ellos los de siempre, siguen esperando.

El cambio está al final del proceso. Su tiempo es inversamente proporcional a la energía que lo propicie. Igual a los ejercicios gramaticales, esa energía es mía, tuya, suya, vuestra y nuestra. Hacerla crecer es vía de acceso a la soberanía y rescate de la Constitución. Es urgente.

 

 

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