Pueblo que reprime pueblo

Marino Alvarado Betancourt

El Gobierno avanza hacia ese propósito: usar un sector de la población para que realice labores de represión política y de represión a las luchas sociales.

Imagine estimado lector este escenario. Usted tiene una semana sin que en su comunidad llegue el agua. Junto a los vecinos adelantó muchas gestiones  sin obtener solución y ago­biados  deciden llamar la atención de las autoridades rea­li­zan­do una protesta pacífica. Se concentran en una esquina con pancartas y tobos vacíos. En el momento menos espera­do aparece un grupo de motorizados y otras personas a pie, civiles, que se identifican como parte de las Fuerzas Especiales de Acción Rápida, gente como usted que trabaja, o estudia, o es su vecino, pero a quienes les han dado responsabilidades que corresponden a la policía. Ellos vienen no a escuchar la preocupación de la comunidad, mucho menos a reforzar el reclamo que efectúan,  llegaron para reprimirte. En lugar de ser funcionarios de la policía, son civiles que se presentaron para obligarte a que cese la protesta. Y si te niegas, seguro usarán la violencia para dispersar la concentración. Si civiles, que tal vez como tú carecen también del servicio de agua y sufren, por ejemplo, la inseguridad, pero creen que hacen patria, que son revolucionarios acallando la protesta o denunciando en el Sebin u otro organismo policial a quien emita opiniones que cuestionen la gestión del Gobierno.

Ese escenario puede ser muy real a corto plazo. El pasado 01 de febrero el presidente Nicolás Maduro indicó, que desplegará esas fuerzas especiales en barrios, campos, universidades, fábricas. Los obreros que organicen huelgas para exigir derechos ya no solo deberán preocuparse por la posibilidad de ser reprimidos por la fuerza pública, sino por civiles integrantes de las milicias  desplegados con esa misión.

La base jurídica de esta arbitrariedad y medida incons­ti­tu­cio­nal la tenemos en el artículo 2.9 del Decreto de Estado de Excepción que nos rige. En el decreto se faculta a las organi­za­ciones de base del llamado Poder Popular para que rea­li­cen labores de vigilancia, dígase sapeo, y para mantener el orden público, es decir, para reprimir. Es la materialización de la Doctrina de Seguridad Nacional. Hay un enemigo interno y contra ese enemigo hay que incorporar a la población a colaborar con las fuerzas represivas.

El Gobierno de manera inconstitucional viene creando un andamiaje jurídico para su ejercicio dictatorial. Para ello tiene a su favor  la complicidad del Tribunal Supremo de Jus­ti­cia y el silencio y sumisión del Defensor del Pueblo.

Debo advertir el peligro que significa organizar, incitar y ordenar a un sector de la población para reprimir a otro que reclama derechos o se identifica opositor. Se puede incre­men­tar la violencia y aumentan los riesgos a las violaciones de derechos humanos. Violaciones perpetradas por particu­lares cumpliendo órdenes de funcionarios o toleradas. Son mayores los riesgos de violaciones al derecho a la vida y a la integridad física. Recordemos que en varias protestas desde el 2014 hasta la fecha, se ha podido ver a grupos de civiles actuando conjuntamente con la policía y la Guardia Nacional Boli­variana para detener a quienes protestan. No olvidemos que varios manifestantes en el 2014 fueron asesinados  y cuan­do se realizaron las investigaciones resultaron los res­ponsables vinculados a entes u organizaciones pro gobierno.

Frente al avance del autoritarismo y aumento de riesgo a la violación de los derechos, se requiere de las fuerzas democráticas mayor organización y decisión. Es necesario afianzar en el marco de la Constitución y la Ley las acciones de resistencia para restablecer la democracia y construir un mejor país.

@marinoalvarado

Publicado por EL UNIVERSAL 

Sociedad Civil en la Vida Pública. Hacia la Construcción de Una Agenda Urgente en DDHH

Juderkis Aguilar | “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida. Esos son los imprescindibles”  Bertolt Brecht.

Contando con el apoyo del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello, el Centro de Justicia y Paz (Cepaz), y el Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (PROVEA), desde el pasado mes de octubre de 2016 diversas organizaciones de derechos humanos han comenzado a capacitarse y generar mecanismos de reflexión para la construcción de una Agenda Urgente de Derechos Humanos.

El cuestionamiento hecho por la sociedad civil a los procesos que se vienen desarrollando en nuestro país; acompañado de una fuerte crisis estructural, ha obligado a la población a cuestionar seriamente el tipo de políticas y acciones implementadas por el gobierno. Este cuestionamiento exige a numerosas organizaciones la reflexión sobre su papel dentro del ámbito público.

A partir de allí, muchas organizaciones han comenzado a formarse para dar inicio a un intenso proceso de reflexión y construcción de políticas públicas alternativas que se encuentren dirigidas a planificar y llevar a la práctica soluciones efectivas a los problemas de país, de acuerdo con lo establecido en nuestro marco constitucional y los estándares internacionales de derechos humanos.

Se hace necesario prepararse, organizarse, capacitarse para presentar propuestas de planes y proyectos, en este caso en materia de derechos humanos, así como de vigilar su ejecución

A saber, la sociedad civil tiene en sus manos una causa como lo es generar conciencia y acción, con el objeto de influir en las decisiones institucionales, y así generar un cambio o transformación de su entorno. Por consiguiente, se hace necesario prepararse, organizarse, capacitarse para presentar propuestas de planes y proyectos, en este caso en materia de derechos humanos, así como de vigilar su ejecución. Todo ello teniendo como fin la solución de los problemas públicos que se planteen.

El método consta de varias fases: Capacitación en materia de participación en políticas públicas, incidencia como mecanismo de participación, contraloría social, entre otros. Paralelamente, reflexionar sobre problemas de nuestra colectividad, para clarificar cuales son las demandas de la población frente a ellos, cuales pudieran ser las alternativas para su solución, que actores están involucrados, etc., al igual que discusiones sobre los temas transversales obtenidos de las trabajos previos para avanzar en sus soluciones. Seguidamente, la construcción de un documento que recoja propuestas e iniciativas de políticas públicas las cuales puedan ser medidas a corto y mediano plazo, con la aspiración que las autoridades las incorporen en sus agendas y así ayudar a la recomposición de la vida social del país.

Es así como este espacio se inicia con la intensión de construir conocimiento para posteriormente construir nuevas realidades y posibilidades.

A la fecha, se han realizado actividades en Caracas, Mérida, Trujillo, Bolívar, Lara, Yaracuy y Zulia.

Se espera acudir a otros estados del país y avanzar en la construcción de una Agenda Urgente en Derechos Humanos. ¡Participa!

Abogada en el Programa de Exigibilidad en DESC de Provea
@JuderkisA

El triunfo de la libertad sobre el despotismo

Luis Ugalde

 

Hace dos siglos (1817) se publicó en Filadelfia el importante libro El Triunfo de la Libertad sobre el Despotismo, parido dos años antes por Juan Germán Roscio en su prisión española. Roscio creía que para independizarse el pueblo, antes que las armas,  necesitaba de ideas de dignidad y libertad,  convencido de que Dios quiere la libertad de los pueblos y no su opresión; esto frente al falso catecismo inculcado de que ir contra el rey era oponerse a Dios. En este año 2017 he aquí la desesperación, nuevas convicciones y con acciones de la gente se abrirán las puertas para rescatar la libertad y la democracia.

El año 1814 fue terrible para la naciente República venezolana: luego  de la “campaña admirable” del año anterior, la declaración de la “guerra a muerte” y la triunfal proclamación de El Libertador en Caracas, la Segunda República tenía General en Jefe de los Ejércitos, pero carecía de Constitución, Congreso y Gobierno Civil. Pensaron que la fuerza bastaba, pero la furia de la guerra de colores desatada por Boves y sus llaneros trajo las derrotas mantuanas de Bolívar, de Ribas y de otros tantos, y la pavorosa “Huida a Oriente”. A mediados de año, Bolívar desde el Cuartel General de Caracas lamentaba “Terribles días estamos atravesando: la sangre corre a torrentes, han desaparecido los tres siglos de cultura, de ilustración y de industria: por todas partes aparecen ruinas de la naturaleza o de la guerra. Parece que todos los males se han desencadenado sobre nuestros desgraciados pueblos” (carta 6-V-14). Luego, derrotado, arrinconado en Carúpano y a punto de embarcarse en huida, Bolívar siente las acusaciones  de los patriotas contra él  “Yo he sido elegido por la suerte de las armas para quebrantar vuestras cadenas, como también he sido, digámoslo así el instrumento de que se ha valido la Providencia para colmar la medida de vuestras aflicciones”. Le duele que “Vuestros hermanos y no los españoles han desgarrado vuestro seno, derramado vuestra sangre, incendiado vuestros hogares y os han condenado a la expatriación” (Manifiesto, Carúpano 7-9-14). Con esto sufro al contrario el profundo pesar de creerme instrumento infausto de sus espantosas miserias, pero soy inocente porque mi conciencia no ha participado nunca del error voluntario o de la malicia, aunque por otra parte haya obrado mal y sin acierto” (Ib.). Si viviera Chávez hoy, un sentimiento parecido le inundaría a la vista del inmenso desastre y miseria desatados por él, probablemente con buena intención. Pero Bolívar termina reafirmando su vocación de Libertador, “sin que haya potestad humana sobre la tierra que detenga el curso que me he propuesto seguir hasta volver segundamente a libertaros…” (Ib).

No era fácil resurgir de las cenizas. A fines de 1814 todo parecía en contra de la destrozada y dividida causa independentista. También en Europa, pues con la derrota de Napoleón y con apoyo de las monarquías restauradoras, España enviaría sus mejores tropas (como lo hizo) para restablecer sus dominios americanos. Pero en tres años la derrota se transformó para la Independencia en caminos de victoria. Fracasado el aparente atajo de la sola fuerza, se recorrió un nuevo camino, con amplio rodeo que de romper las barreras socio-raciales tan queridas por los mantuanos, unir a los jefes de ambiciones, ganar a Oriente, Guayana y Los Llanos, lograr colaboración internacional, sustituir Caracas por Angostura, elaborar una nueva constitución civil, y – tras el increíble “paso de Los Andes”- liberar a Bogotá antes que a Caracas. En este camino brilla la idea de que la república no es la fuerza, aunque esta sea imprescindible para derrotar las armas enemigas. En este nuevo camino el Libertador desde Haití invita a Roscio, Cortés de Madariaga y Castillo (recién fugados de la cárcel española de Ceuta) a sumarse en Angostura a la construcción  civil de la República porque el sistema militar es el de la fuerza, y la fuerza no es gobierno” (carta 26-XI-1816). Roscio le respondió que antes tenía que hacer algo más importante, que era publicar en Filadelfia (1817) su singular libro con ideas de dignidad y libertad, conciencia política cristiana y soberanía popular, que deslegitiman y desnudan a los déspotas. Luego con su  libro en la mano llegará a Guayana donde será escogido Presidente del Congreso de Angostura, Secretario de Estado y Hacienda y Vicepresidente de la Gran Colombia.

El año 2017 será el año del “Triunfo de la Libertad sobre el Despotismo” con la necesaria unidad de los líderes democráticos, multitudes ciudadanas con conciencia en acción y soldados que valoran sus trabajos y “privaciones por la libertad y la salvación de nuestros conciudadanos, que todos están errantes o gimen esclavos” ( carta 27-10-14) “Acordaos – dice Bolívar a los soldados- de vuestros padres, hijos, esposas; de vuestros templos, cunas y sepulcros; de vuestros  hogares, del Cielo que os vio nacer, del aire que os dio aliento; de la Patria en fin que os ha dado todo; todo yace anonadado por vuestros tiranos. Acordaos que sois venezolanos, caraqueños, republicanos y con tan sublimes títulos, ¿cómo podréis vivir sin ser libres?…” (Ib.).

 

Caracas, jueves 2 de febrero de 2017.

Maryluz Schloeter : Yendo y viniendo en la cuerda floja

Se cuenta que hubo un famoso equilibrista quien en una conocida ciudad, se atrevió a cruzar a la altura de 40 o 50 pisos, un edificio a otro en la cuerda floja. Sin red o soportes, solo se tenía a sí mismo en triunfo o en silente y definitiva caída. Le acompañaban la emoción, el suspenso, la incógnita y el miedo de quienes le seguían. Se vivía una gran alternativa, él podía hacer latir corazones alocadamente y sufrir la expectante ansiedad en sus seguidores, pero allí estaban también quienes iban solo a observar, y fríamente, los interesados en apostar.

¿Se nos parece? ¿Se vive -no se percibe muy bien- en la cuerda floja? ¿Se pasa del modelo constitucional al modelo comunal casi sin notarlo y sin percibir en su avance el riesgo? Casi insensiblemente se va modificando el léxico a tono con las acciones que, a dedo, siguen marcando rumbo y destino en la duplicidad primero y luego en el reemplazo de un “algo” por otro “algo”, que finalmente entre murmullos –“no es constitucional” -, se termina aceptando en un perverso condicionamiento múltiple.

Desde que nos cedulamos, a cada paso y en cada gestión cívica, nos identifica la cédula de identidad (CI) como ciudadanos venezolanos. Su seguimiento electrónico hoy es el transparente registro de dinámica individual. Los biógrafos del futuro no se quemarán las pestañas entre añejos legajos, sino que verán con lupa los minuciosos registros de nuestra vida urbana nacional dados por la CI. Resulta que eso ahora no basta, se ha convocado para solicitar y recibir muy rápido, el Carnet de la Patria, credencial del Estado Comunal, siendo la meta 15 millones de carnets. Es así, esa cifra ¿será igual en votos?

Volvemos a la cuerda floja, a la reanudación y realización de un diálogo cuestionado cuya agenda presuntiva debe incluir elecciones regionales. Suena lógico, esperanzador y bonito ¿verdad? Pues, al concluir una actividad académica en su país de origen, uno de los personajes facilitadores dijo que en Venezuela hay posiciones irreconciliables ¡Eureka! así quedó publicado… No se trata de personalidades, de ideologías, de modas académicas. La propuesta estructural del Estado Comunal es irreconciliable con la Constitución. Que (aunque) no ha sido derogada, se la erosiona a pellizcos o mordiscos porque así quedará solo un vacío que se llena y punto.

No parece sensato elegir representantes de estructuras inexistentes; sería como tratar de sacar boletos para viajar con Campanilla y Peter Pan. Si en el Estado Comunal oculto, y cada vez más vigente, no hay municipios, ¿es pertinente elegir a sus miembros? Según la Constitución, vamos a elecciones regionales. Parece (que con) el mismo equipo, el registro electoral, los procedimientos inventados o súper interpretados, calendarios obtusos y las mágicas máquinas del frustrado RR, cada uno de esos componente erigiéndose violatorio de la Constitución o dudoso constitucionalmente. Después del 6D ¿se les reparó concienzudamente? Quizás…

Podría ser que para estar más próximo al entendimiento y el acuerdo –la anhelada paz– los participantes en conversaciones, guiados por facilitadores, acuerden la conveniencia de compartir… eso…el mando… Ahora, qué, cómo y dónde, están sin determinar; eso sí bajo nombre creativo al estilo neurolingüístico, porque eso de co-gobierno suena a Mitterrand (y) el acuerdo centro izquierda como que pasó de moda.

Aterricemos de la fantasía; las marchas del 23 de enero lo dicen en alta voz. No hay poder de convocatoria mayor que el anterior sino menor, se pierde confianza. No se quedan vacías, sino que se llenan las plazas del registro para el Carnet de la Patria. Las personas acuden a la promesa de alimentos y a la implícita renovación de la pendiente casita. Metas inmediatas de sobrevivientes.

Surgen a varios niveles, sorprendentes y ágiles mecanismos de obtención de alimentos y medicinas, ropas, dietas novedosas acomodaticias de lo que se consigue, trueques que rebasan las discretas líneas de parentesco o vecindario, gestiones casi mágicas para pagos sin moneda o efectivo, billetes bíblicos, pues fallecen y resucitan. Acomodación que supera el conflicto, ¿la crisis? No sirve maquillarla ni negarla. Aún está allí, en sus indicadores negativos y tragedias; está en los residuales de los más desamparados, pobres o sin tantas picardías.

Parece que el todo se volvió proceso, el experimento continúa yendo y viniendo por la cuerda floja, mientras se repiten las reacciones, de emoción, ansiedad y susto; no se conoce el desenlace. Otros observan y creen que apuestan a ganador. Las mujeres de las colas del hambre, los jefes de familia asfixiados en deudas y carestías, las personas todas de las esperas en los bancos, los dolientes de todas las violencias, ellos los de siempre, siguen esperando.

El cambio está al final del proceso. Su tiempo es inversamente proporcional a la energía que lo propicie. Igual a los ejercicios gramaticales, esa energía es mía, tuya, suya, vuestra y nuestra. Hacerla crecer es vía de acceso a la soberanía y rescate de la Constitución. Es urgente.

 

 

Armando Janssens: Acompañar con Esperanza

Cada época tiene sus enfoques e ideas-clave que sostienen y orientan el trabajo para la convivencia social. Hace largos años hablábamos de “desarrollo humano e integral” para así definir el mundo a construir. Era un mundo bastante homogéneo, occidental e integrador donde los valores cristianos formaban la base compartida de las grandes mayorías de nuestra población. Centenares de iniciativas, programas y cursos formativos los expresaban y los resultados se observaron a lo largo y ancho de nuestro país en muy variadas iniciativas.

Pero el mundo sigue girando y las percepciones de la realidad circuncidante también. El término de la “concientización” conquistaba, bajo la influencia de Paulo Freire y su exitosa acción alfabetizadora, a las amplias capas de la actividad social de América Latina. Se utilizaba este término a tiempo y a destiempo lo que progresivamente agotaba lo original de este concepto y se perdió paulatinamente. Apuntaba sobre la toma de conciencia de cada individuo que, por sí mismo o en grupo, descubría la realidad global y sus fuerzas transformadoras y aprendía a vivir desde allí su propia situación. Se trataba de “escribir su propia historia” en hechos y convicciones que incluían también la dimensión política, lo que en aquel tiempo se analizaba, algunas veces, en términos de “liberación”.

Pero los tiempos y las circunstancias cambian. De una sociedad que, en el progreso general se reconocía, llegamos en estas últimas dos décadas a una crisis general donde nos cuesta encontrar una comprensión y salida eficaz. No hay sector ni grupo social que no vive la crisis global en nuestro país con las consecuencias del desabastecimiento, falta de medicamentos y de atención médica. En grandes capas de la población la pobreza y la violencia se instalaron, acompañadas de “cada uno se salve, con actitudes individuales centradas en la sobrevivencia de sí mismas y de su familia. Pero todas estas acompañadas de una desconfianza, no solamente en las instituciones, partidos y grupos, sino además en desconocidos que se nos cruzan en la calle, hasta en la misma gente cercana en la vecindad. El Tsunami social que nos afecta también influye en la moral que se degrada, como todos podemos observar.

Lamentablemente, no disponemos de grandes organizaciones, de gremios, sindicatos y cooperativas o de partidos diversos como en muchos países occidentales. Nuestras organizaciones sociales son más bien limitadas y de poco alcance para impactar en la formación de la opinión pública y para crear nuevas mentalidades. En medio de todo eso, la modernidad de internet con sus redes, afianza lo personal y lo egocéntrico con todo su valor y con todas sus limitaciones. Las opiniones hasta en la vivencia religiosa se construyen desde la forma individual de ver las cosas. No hay muchos dogmas, ni muchas verdades absolutas que se observan, ni normas obligatorias que se aceptan. Hay miles de verdades y sentires, las de cada uno en particular. Así vivimos en nuestro país, en un mundo sin “norte” donde andamos confundidos.

En este contexto se revalorizan las palabras “Acompañar con Esperanza” que reflejan mejor nuestra actitud actual en el trabajo social y sus múltiples programas y actividades. Se trata, tanto desde la cercanía permanente a la gente y su quehacer que lo define como de respeto para cada opinión que se formula. Es contrario a la imposición o a las definiciones cerradas, sino abierto a lo diferente y diverso. Y, además, con el necesario ingrediente de esperanza que tiñe cada reflexión hacia el futuro. Pide de parte de los promotores mucha madurez y una sana humildad. No se trata en este esfuerzo de comunicar nuestra verdad sino escuchando y respetando la construcción de lo propio, pero siempre dimensionando con la energía de la esperanza.

No significa que no tenga mis convicciones y valores y que no los quiera manifestar a los demás. Todo lo contrario. Son mi sostén de vida. Pero no pretendo imponerlos o declararlos como santos y absolutos sino como un aporte de valor que amplía la búsqueda de la gente hacia adelante.

El Papa Francisco insiste con frecuencia en ir a las fronteras de la realidad humana para estar allí con la gente y su profundo deseo de crecer en comprensión y responsabilidad. Pero crecer en esperanza que para todos nosotros es tan importante hoy en día.