No a la venganza, sí a la convivencia

Por Armando Janssens

Ya estamos entrando en un tiempo de transición. ¿Cómo va a pasar?, no lo sé. Pero parece evidente que estamos al final del sistema político actual y abriendo el camino de una nueva etapa que puede superar la intensa crisis social que estamos viviendo.

Es evidente que el esfuerzo variado para llegar al punto omega seguirá siendo exigente y su camino estará lleno de imprevistos: Centenares de presos, decenas de muertos que ya se ha cobrado, su mayoría en contextos confusos o claramente con intervención de paramilitares o similares de diversos órdenes.

Pero también es clara la evidencia del deseo de cambio. No se trata de un grupo de políticos tradicionales, sino más bien de una enorme masa de ciudadanos que llegaron a la madurez actual para actuar y decidir con criterios propios. La MUD puede proponer, y lo está haciendo oportunamente, pero es la gente de todas partes la que decide participar a su manera, muchas veces bajo su propio liderazgo y con su propio criterio. Llama la atención la gran cantidad de jóvenes que participa, especialmente estudiantes universitarios, pero igualmente de profesionales, oficinistas y trabajadores. Tienen la energía para aguantar y la claridad para intervenir.

En los sectores populares el caldo se cocinó lentamente y se acumuló con los riesgos de desbordamiento. Se calentó con las largas colas que desde meses dibuja su realidad y se tensó con los abusos permanentes que debían aguantar. Si en general funcionó con cierta decencia, igualmente hubo las peleas y desencuentros que dejaron cicatrices en las comunidades. Un malestar general se apoderó lentamente de la gente que inició el cuestionamiento a sus autoridades y construyó sus propias razones acerca de la situación, expresados en términos de corrupción, mala política e incapacidad. A pesar de que la gran mayoría buscó “la tarjeta de la patria” para aprovechar lo que es aprovechable, la inmensa mayoría comprendió el truco propuesto de comprar sus votos, pero ya tiene la claridad para no caer en la trampa.

Hoy en día hay miedo, mucho miedo a las balas locas, a la policía y las guardias por su actuar incoherente, a los ladrones que no toman vacaciones, pero especialmente a los colectivos que se imponen con una gran mezcla de poder y abusos, y hasta deciden, en muchos casos, sobre vida y muerte. A pesar de las bolsas CLAP, que llegan con irregularidad en las distintas zonas, la gente se siente cada día más abandonada.

El comportamiento de nuestras comunidades se ha debilitado. El lenguaje vulgar se copia con bastante facilidad desde los más altos cargos de la Presidencia para abajo. El odio predicado por los jerarcas se internaliza en la opinión general. La temperatura social es claramente negativa y si no se cuida la gente puede entrar en violencia no deseada por nadie. Los que ayer eran alabados reciben hoy en día el cuestionamiento y el rechazo. Si no se cuidan pueden caer bajo su mismo peso negativo.

Si no detenemos y equilibramos estas actitudes y realidades, estamos en el “callejón de la muerte”, tanto en lo social como en la convivencia diaria tan necesaria. Debemos insistir en confrontar este deslave humano en el que todo perdemos. Es tiempo de transición, que ya se inicia. Debemos llamar la atención a todos los que tienen que ver con la comunicación y transmisión de mensajes, a trabajar mancomunadamente para crear una base común de dignidad y de respeto, y no de venganza y odio que ya están surgiendo desde las oscuridades del ser humano. No es tarea de la gente común declarar culpable o no, menos disponer de la vida y de la muerte, sino de la justicia ordinaria y de las entidades internacionales especialmente creados para eso.

Veo especialmente una tarea primordial de los periodistas de toda índole. De los que elaboran las noticias y las divulgan en los medios, de los propietarios de las distintas estaciones. Su impacto es enorme y su responsabilidad moral es de primera categoría. Evitar el odio, el mensaje tendencioso, la segunda intención serán las normas de referencia que mancomunadamente debemos defender. Me pregunto si las ONG vinculadas a todo lo que es comunicación pública no pueden promover una acción concertada de dignidad y equilibrio social.

Igual pasa con el sector educativo que necesita programas de compensación para acompañar a los jóvenes estudiantes en el aprendizaje del respeto mutuo, eliminando palabras violentas y groseras de cada grupo para con el otro. Todos somos necesarios en la reconstrucción de nuestro país.

Es una tarea evidente para nuestra Iglesia Católica y las demás Iglesias. Por esencia, deben promover la justicia y el respeto mutuo. Forma parte de su misión y lo deben reflejar en su predicación y acción social.

Pero quiero también dirigirme a esa masa anónima en protesta permanente que es totalmente legal, pero no necesitan inventos para aumentar la presión ni acusaciones extremas que conducen a crispar el ambiente y llevarnos al borde de la violencia extrema. No a la venganza, que es lo contrario de lo que buscamos.

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Lexys Rendón: “Las protestas tienen una contextualización muy profunda y seria de la crisis “

Lexys Rendón es directora de la ONG LAboratorio de Paz, activista e investigadora en Derechos Humanos.

¿En qué consiste Laboratorio de Paz?

Laboratorio de Paz es una organización que trabaja el derecho a la paz, que tiene algunos componentes distintos en el ámbito de los derechos humanos. Abarcamos en primer lugar el tema de la pobreza y cómo trabajar para disminuir la pobreza porque entendemos que uno de las mayores violaciones de DDHH se vincula a ello. Trabajamos mucho con grupos vulnerables minoritarios y vulnerables.
Tenemos una visión de no militarización de la sociedad, por lo que somos muy acuciosos de la inversión militar. Tenemos un análisis del presupuesto en la compra de armas, el Laboratorio hace un esfuerzo por realizar una campaña digerible a través de las redes.

¿Cuál es la valoración de Laboratorio de Paz de las recientes protestas?

El Laboratorio ha estado acompañando junto con otro grupo de organizaciones de Derechos Humanos cómo han sido estas movilizaciones y lo que hemos encontrado es que las protestas se han desarrollado con un carácter pacífico, con un mensaje de no violencia y enfocándose en la crítica de la falta de garantías constitucionales para exigir la restitución de la democracia. Las protestas tienen una contextualización muy profunda y seria de la situación que atraviesa el país.

Por otro lado de lo que encontramos, el Estado lejos de garantizar el derecho a la manifestación lo bloquea y violenta continuamente mediante la represión constante de los manifestantes. De un primer se está limitando el derecho a la manifestación, hay una manifestación desproporcionada muy diferente a lo que dicen nuestros manuales. Vemos también grupos de civiles que no deben actuar en medio de la represión. No menos importante,vemos que la aplicación del Plan Zamora tiene efectos que limitan las libertades del ciudadano.

Rendón hizo énfasis en el uso de las bombas lacrimógenas basándose en los estatutos internacionales referentes al uso de bombas lacrimógenas para controlar el orden público. “Lo que intenta es causar la paralización completa del manifestante. Este uso de bombas lacrímogenas no puede ser impactado de forma directa, no hay el personal médico que obliga Naciones Unidas y menos se ha establecido un sistema de aviso frente a eso. Hemos encontrado que hay una situación que viola de manera flagrante el derecho a la manifestación.”

¿Qué esperamos del Plan Zamora?

El Plan Zamora desconocemos los lineamientos y principios, lo que tenemos son las declaraciones públicas del Presidente de la República y cito literalmente “el Plan Zamora es para exterminar a las lacras del paramilitarismo internacional y nacional”, lo que tenemos es un componente militar incorporando civiles donde las fuerzas de seguridad del estado, estarían sumidos a la orden de estas instancias militares. Lo que tenemos también es el pronunciamiento de Freddy Bernal donde el plan Zamora se incorporaría a las distribuciones del Clap, nos preocupa muchísimo esto de la amenaza interna y la lógica es militar, estamos hablando de que el otro no está formado para atender este tipo de situaciones y menos de seguridad ciudadana. Esta lógica es del enemigo, entonces es lo que vemos que ya una sociedad que está siendo militarizada en todos los aspectos esto ya la represión de la nación a través de la vigilancia militar. Ya se va a cumplir una semana de su anuncio y lo que tenemos es una duplicación del número de detenidos y heridos.

¿Qué hacen los civiles en el marco del Plan Zamora?

Lamentablemente lo que hemos visto es que hacen uso de bombas lacrimógenos ,se llevan detenidos, aplican robos a las personas, humillaciones y lo más lamentable el accionar de las armas de fuego.

¿Esto ha sido sólo en Caracas o en otras ciudades?

Hemos contabilizado estas situaciones irregulares en varios lugares del país, para el pasado lunes se registró la presencia de varios grupos paramilitares en 6 estados del país.

¿Qué consecuencias implican los excesos contra manifestantes en el campo de la protesta pacífica?

Hay jurisprudencia internacional que contemplan estos puntos y responsabilizan al Estado. Sabemos que en materia de DDHH la acción de terceros se considera un delito y la acción del Estado es la que se determina como violación. Estas personas tienen vínculo con el Estado, por lo tanto pueden ser acusados como violadores de DDHH.

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Provea: Cualquier salida a la crisis venezolana debe fortalecer, y no debilitar, la Constitución de 1999

(Caracas, 29 de abril de 2017). El Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) desea recordar que el actual proceso de movilización ciudadana se ha originado, entre otras razones, tras la ruptura del hilo constitucional y la erosión de las competencias establecidas por la Carta Magna a la Asamblea Nacional. El movimiento de indignación ha rechazado la violación continuada de la Constitución, la cual se inició en mayo de 2016 tras la aprobación del llamado “Decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica”. Dicho decretó, en la práctica, se constituyó en el marco jurídico de las actuaciones de la dictadura en Venezuela.

Ante la grave crisis y situación de conflicto que vive el país hemos insistido que la solución tiene que ser pacífica, democrática y Constitucional. La Constitución debe ser, en todo momento, el marco de referencia y la guía para la acción de las instituciones, partidos políticos, organizaciones sociales y la población en general.

La Carta Magna es el último pacto social consensuado en el país, reivindicado por Hugo Chávez en el primer período de su mandato como la “mejor del mundo”, y defendida por las fuerzas políticas y sociales que cuestionan la gestión de Nicolás Maduro. Para Provea la Constitución representa, en los actuales momentos, la mejor herramienta para enfrentar al gobierno dictatorial. Queremos insistir que las garantías presentes en el texto constitucional fueron consecuencia de la lucha de los movimientos sociales venezolanos en la década de los 80´s y 90´s, no una concesión de ningún gobierno, cuyos contenidos reflejaban los estándares internacionales existentes en materia de derechos humanos.

A partir de su segundo mandato, Hugo Chávez se apartó progresivamente del proyecto de país presente en la Constitución. La imposición del proyecto “Socialismo del Siglo XXI”, la creación de un “Estado Comunal”, la obligatoriedad de conformar “Consejos Comunales” si se deseaba interlocución con las autoridades, la cooptación de los poderes públicos o la militarización de la seguridad ciudadana y de la sociedad son elementos que no figuran dentro del texto aprobado en 1999. La Carta Magna contempla diferentes mecanismos para dirimir las diferencias entre los venezolanos, como la posibilidad de evaluar la gestión de los funcionarios electos a mitad de su período, mediante Referendo Revocatorio. Desde la perspectiva de derechos humanos la Constitución venezolana es un buen marco normativo, pero ha faltado voluntad política por parte de las autoridades para satisfacer los derechos y garantizar el funcionamiento de una institucionalidad sólida, eficiente y de gestión trasparente.

Cualquier propuesta de salida a la actual crisis venezolana debe permitir el regreso de Venezuela a la democracia, respetando y fortaleciendo lo dispuesto en el texto constitucional.

En opinión de Provea el adelantar elecciones es tan inconstitucional como retrasarlas indefinidamente. La propuesta de “elecciones generales adelantadas” necesita, para ser legal, un procedimiento de enmienda constitucional, que adicione los artículos necesarios a la Constitución, y posteriormente ser sometida a un referendo.

Por otra parte, la promoción de una Asamblea Constituyente no contempla sólo la relegitimación de los poderes, sino la redacción y aprobación de una nueva Carta Magna. La iniciativa puede partir del Presidente de la República en Consejo de Ministros; la Asamblea Nacional, mediante acuerdo de las dos terceras partes de sus integrantes; los Concejos Municipales en cabildo, mediante el voto de las dos terceras partes de los mismos; o el quince por ciento de los electores inscritos y electoras inscritas en el Registro Civil y Electoral.

Cualquiera de los dos procedimientos, adelanto de elecciones generales o Asamblea Constituyente, generará elementos adicionales a la conflictividad venezolana y, para materializarse, podrían tomar mucho más tiempo que el cronograma de elecciones pendientes según la Constitución.

Provea sostiene que el camino para empezar a resolver la crisis en el país es el anuncio de un cronograma electoral que incluya elecciones regionales en el plazo más corto posible, las elecciones municipales a finales de año, y definir la fecha de realización de las elecciones presidenciales en el año 2018. Nicolás Maduro ha tomado la decisión de suspender indefinidamente cualquier proceso electoral hasta no generar las condiciones para obtener resultados positivos. La realización de elecciones no es un indicador suficiente para describir a un gobierno como democrático, pero la derogación del derecho al sufragio es suficiente para calificarlo como “Dictadura”. Por tanto, la divulgación de estas fechas sería una victoria de las protestas realizadas en las últimas semanas en el país.

Siendo un avance la difusión de las fechas, es insuficiente sin las condiciones que permitan el libre ejercicio del derecho a la participación electoral de todos los venezolanos, sin discriminación. Para ello se deben respetar los estándares que califican a los procesos electorales como democráticos: Inclusivos, transparentes, competitivos y electividad de los principales cargos públicos. Además debe revisarse la conformación de las autoridades del Consejo Nacional Electoral, por lo que los funcionarios que no sean independientes y hayan avalado la vulneración del hilo constitucional, deben renunciar para dar paso a la posibilidad de contar con un árbitro que genere la suficiente confianza en el proceso. Para lograr estas condiciones mínimas, el proceso de movilización pacífico debe mantenerse masivamente en la calle. Ante la situación de ausencia de democracia en nuestro país, elecciones y manifestaciones no son excluyentes sino complementarios.

Igualmente consideramos fundamental una renovación del Tribunal Supremo de Justicia con cumplimiento estricto de los procedimientos establecidos en la Constitución, considerando la falta grave cometida con las sentencias 155 y 156 calificadas por la Fiscal General de la República como decisiones que rompieron el hilo constitucional.

La defensa de la Constitución de 1999 exige rechazar las posibilidades no contempladas por ella, o la realización de un proceso constituyente en momentos de alta crispación política, que puedan poner en riesgos las garantías en derechos humanos contemplados en ella e ignorando el principio de progresividad de derechos.

Por tal razón llamamos a la población venezolana a seguir ejerciendo la presión en las calles de manera pacífica, exigir el respeto a la Constitución y reclamar los cambios institucionales necesarios para que haya condiciones suficientes para el respeto de la voluntad popular.

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¿Cómo cultivar la democracia?

Por Pedro Trigo SJ

El presupuesto de lo que diremos es que la democracia política no es posible, si no se cultiva asiduamente la cultura de la democracia en todos los campos de la vida, desde la relación de pareja y la vida familiar, hasta las amistades, las relaciones de trabajo y el modo de estructurarse y funcionar las distintas asociaciones, organizaciones y grupos que creamos libremente.

Ahora bien, no florecerá la cultura de la democracia, si no abrigamos la pretensión de constituirnos en auténticos sujetos humanos. Si nos atenemos a la condición de miembros de conjuntos, viviendo según las pautas establecidas en ellos, y recibiendo de ellos tanto las posibilidades como las limitaciones, si nos negamos a actuar como sujetos responsables y libres, no podremos interactuar democráticamente, ya que no vivimos desde nosotros mismos sino conductualmente, es decir, a partir de las pautas emanadas desde el poder, sea económico o político. Así pues, el sujeto es el elemento base del que tiene que partir todo.

Pero como el sujeto humano no es ensimismado sino que se constituye a través de relaciones, el ejercicio de la cultura de la democracia, si hay voluntad de vivir como sujetos, contribuirá muy significativamente en la constitución de los sujetos.

Esta es la razón de que focalicemos pormenorizadamente el tema de la cultura de la democracia.

La cultura de la democracia, como es un modo determinado de relacionarse, debe abarcar todas las áreas, desde las relaciones familiares, a las escolares, las del trabajo, las de amigos y compañeros, las de participantes de una misma institución, las de convivientes en una misma ciudad, en un mismo país, en un mismo mundo. En cada área, la cultura de la democracia sufre una modulación concreta, respondiendo al nivel de realidad en que se relacionan las personas; pero en ninguna debería desaparecer, incluso en las esferas de la economía y la política, que son las más duras. Ahora bien, lo que sí es seguro es que no se manifestará nunca en éstas, si no es esmeradamente cultivada en las demás, que son, por así decir, más flexibles.

No las entendemos como notas yuxtapuestas sino como elementos que componen una estructura dinámica. Como el modo de producción determina el producto, iremos desarrollando los pasos sucesivos, que, componiéndose, forman esta cultura.

El primer paso que debe dar cada uno de los integrantes del grupo es expresarse

Se trata de sacar afuera lo que tiene respecto de lo que se trata o respecto de lo que él quiere plantear. No expresarse es ejercer violencia sobre el grupo, ya que el que se retrae está negando a los demás no sólo su aporte sino su condición de miembro personalizado del grupo. Si lo que concierne a todos debe ser discutido por todos, el que se niega a participar se está excluyendo como sujeto; pero, al permanecer en el grupo, está, por lo que al asunto concierne, desde fuera, es decir no comprometido con lo que se decida. Criticar luego, si algo salió mal, es una tremenda deslealtad.

Hoy no pocas personas viven de manera más bien conductista, sin preguntarse el por qué de las cosas que suceden a su alrededor y en las que muchas veces están de un modo u otro implicadas, y sin hacerse conscientes de las propias posiciones y por lo tanto sin hacer el esfuerzo de sopesarlas y fundamentarlas. Por eso es imprescindible el esfuerzo inicial de decidirse a decir lo que ven y sienten, porque sólo este ejercicio asiduo, irá sembrando el hábito reflexivo. Expresarse es, además, el grado mínimo de pertenencia al grupo. Es un ejercicio elemental de confianza, tanto en sí mismas como en el grupo.

Si en el punto concreto que se debate alguien no tiene nada que aportar, lo debe manifestar, aunque normalmente podrá decir con qué está más de acuerdo de lo que los demás han ido diciendo.

La actitud que se cultiva en este primer paso es la de poner en común los propios haberes, la de no reservarlos como una ventaja sobre los demás. Quien pone en común lo propio manifiesta que vive vuelto hacia ellos, abierto a ellos, con una respectividad positiva, poniendo la propia alegría en el bien de ellos, mediante la donación de lo que tiene, puede, sabe, vale y es.

El segundo paso es escuchar lo que dicen los demás

Escuchar no es simplemente oír y ni siquiera registrar lo que se va diciendo. Es oír haciéndose cargo de lo que va diciendo cada uno.

En la cultura postmoderna hay una cierta propensión a expresarse, como un ejercicio de narcisismo; pero, una vez dicho lo suyo, se tiende a desentenderse. Cuando pasa eso, todo se reduce a una serie de monólogos.

No es tan fácil escuchar, porque exige salir del propio horizonte individual y abrirse a la perspectiva de las demás personas; es decir, exige que yo no esté juzgando automáticamente lo que digan los demás respecto de mi propia postura, tenida implícitamente como paradigma, sino que me abra a la de ellos, tratando de hacerme cargo de lo que quieren decir. Esto implica distinguir entre mi horizonte y el suyo, y escuchar desde su horizonte y no desde el mío.

La actitud que se cultiva en este segundo paso es el descentramiento, el ponerse en el lugar del otro, el renunciar a constituirse como el centro del mundo, la alegría de salir a otros mundos, de hacerse cargo de su modo de ver las cosas, de darles lugar en mi mundo. Escuchar personalmente es un ejercicio de fe, ya que consiste en no atenerme respecto de los demás a lo que yo observo de ellos sino también y sobre todo a lo que ellos dicen de sí o desde sí.

El tercer paso es el diálogo

Consiste en manifestar lo que se considera más oportuno de lo que se ha dicho y las coincidencias más significativas; así como en preguntarse mutuamente sobre lo dicho por cada uno, intentando aclarar lo que no se ve o manifestando lo que no se comparte. Esta reacción ante lo dicho comprende tres armónicos principales: lo que resuena, es decir lo que suena bien, porque saca a luz algo que uno llevaba en lo más genuino de su ser sin haberlo nunca expresado del todo; lo que disuena, porque contradice a algo que uno daba por asentado; y lo que no suena, o sea algo en lo que uno no había pensado y que se le da para pensar.

Este tercer paso es crucial, ya que dialogar, exponiéndose cada uno al manifestar lo que uno siente sobre lo dicho por los demás, poder preguntar para aprender y ser capaces también de disentir como compañeros, sin que en ello haya ninguna acrimonia personal, es una muestra elemental del respeto que se debe a cada uno y al grupo.

La actitud que se cultiva en este tercer paso es el diálogo en el sentido más literal y cabal de la palabra, ya que la palabra es el vehículo que va y viene entre unos y otros, la palabra razonable, portadora de sentido, inquisitiva y crítica, pero también sabedora de su limitación, la palabra abierta, incompleta, en busca de otras razones y palabras, en busca sobre todo de una verdad más cabal, la palabra que busca entender el asunto que se trae entre manos y entenderse entre sí los copartícipes.

El cuarto paso es el de buscar una postura del grupo

Si se dieron los pasos anteriores, cada uno tiene los insumos suficientes para tratar de hilar un discurso, una toma de posición o una propuesta, que sean del grupo. Podrá partirse de una o varias de las formulaciones o se la construirá tratando de articular las ideas e incluso las palabras claves que se han ido expresando, buscando consensos.

Lo fundamental en este paso es que cada uno piense, no como el individuo que es sino que se asuma como un miembro del grupo, eso sí, un miembro personalizado. Si cada quien está en esa tesitura, y no en la de buscar hacer prevalecer lo propio, no será tan difícil hallar formulaciones del colectivo.

La actitud que se ejercita en este cuarto paso es el paso de cada yo al nosotros, un nosotros en el que los yos se pierden y a la vez se encuentran. Se pierden en cuanto diferenciación de los demás y en cuanto que el todo es realmente diverso a la sumatoria de las partes. Se ganan en cuanto que el nosotros sigue siendo primera persona y primera persona incluyente porque es plural. Y es en verdad plural, si se ha intentado sincera y sagazmente integrar al máximo los aportes de cada quien en el conjunto, aunque sea trasformados. Podríamos decir que el nosotros resultante es realmente plural, si éste es, en verdad, el cuarto paso, es decir, si se han observado los anteriores. Entonces lo que resulta es un cuerpo social personalizado.

El quinto paso es encargarse cada quien de un aspecto de lo decidido

Si no se da este paso es porque los integrantes del grupo estaban en él como meros expertos, es decir desempeñando un papel del que obtienen, piensan ellos, cierta relevancia, pero no comprometiéndose personalmente.

Hay que reconocer que en los más diversos niveles de la vida social existe la propensión ambiental a descargarse en algunos, a darse por satisfechos con la participación en la obtención de los acuerdos y en su posterior celebración, pero desentendiéndose en el proceso de su ejecución, que por eso resulta frecuentemente demasiado laborioso y desgastante para los que lo asumen. Hay, pues, en este punto mucho que avanzar en nuestro medio.

Es muy significativo de que se han dado los pasos anteriores, el que personas cuyas propuestas no fueron acogidas puedan encargarse de lo que se decidió, como si lo hubieran propuesto ellas, ya que son las propuestas del cuerpo social al que pertenecen.

La actitud que se ejercita en este paso es la responsabilidad. Llevar a cabo personalmente lo decidido por el conjunto es el ejercicio de la responsabilidad asumida. Es vivir con una libertad liberada capaz de sustentar la acción de uno en cualquier estado de ánimo. Es hacer verdad esa condición de nosotros que se puso a funcionar en los pasos anteriores. Desentenderse del compromiso adquirido indica una fijación en la adolescencia, una falta de madurez, negarse a ejercer la condición de adulto con las responsabilidades anejas, con la fidelidad a la palabra dada, al compromiso adquirido.

El sexto paso es la evaluación conjunta

Es obvio que lo que se decidió entre todos, lo evalúen todos. Quien evalúa se considera y es considerado responsable de lo que se trae entre manos. Incluso, digamos, responsable último. Por eso la evaluación conjunta es el signo más fehaciente de que todos los que han participado en el asunto lo han hecho como sujetos de él. O, dicho de otra manera, que el nosotros que proyectó y ejecutó está integrado por todos los miembros del grupo.

Pero hay que reconocer que entre nosotros existe una tendencia a que la evaluación deliberativa la realice sólo un cogollo. Para los demás sólo cabe la evaluación informal, la lluvia de ideas sin ningún efecto tangible. En este caso sólo los evaluadores son los verdaderos sujetos del proyecto; los demás serían sólo colaboradores suyos. Así pues, el que todos los implicados evalúen la marcha de lo que llevan entre todos, es una prueba fehaciente de que se practica la cultura de la democracia.

La actitud que se ejercita en este paso es la conciencia crítica guiada por los objetivos propuestos. Se reafirma la trascendencia de la misión del grupo, y se relativiza el propio obrar, tanto como persona como en cuanto grupo. Habrá verdadera evaluación, si el quehacer no ha sido un ejercicio de realización personalista e institucionalista, o si la determinación de realizar la misión del grupo en cuanto magnitud trascendente es más profunda que el afán de autoafirmarse o de quedar bien.

En cuanto los miembros se afinquen en esa actitud trascendente, no les importará que les critiquen, porque lo que buscan es entregarse eficazmente a la misión, que es la razón de ser del grupo, y que, por tanto, une a sus miembros.

El séptimo paso es el procesamiento de conflictos

Puesto que somos humanos, es normal que surjan conflictos y no deberían verse como una anomalía de la que se debe salir a como dé lugar. Los conflictos deben procesarse conforme a los pasos que hemos indicado: cada parte debe expresarse con toda libertad y sin que le quede nada por dentro, y para eso hay que crear el clima adecuado; las partes deben escucharse entre sí, y para lograrlo es crucial el papel de los demás miembros del grupo, que tienen que escuchar a ambos queriendo el bien de cada uno, y queriendo, no menos, que aflore lo más genuino de la realidad. Los miembros del grupo más aceptos para las partes son los que tienen que decir a cada una lo que les parece de su postura con toda lealtad y por tanto lo que tendría que cambiar y ceder cada uno.

El que tiene la impresión de que ha procedido mal o se ha equivocado, debe sentir también de parte del grupo que se lo acepta personalmente y que el modo de procesar el conflicto se debe precisamente a lo mucho que se lo aprecia y a la confianza que tienen en su capacidad de superación.

Hay que reconocer que en la cultura ambiental tenemos una especial dificultad en procesar los conflictos. En general tendemos a callarnos lo que sentimos que no es correcto, hasta que no podemos más y explotamos y rompemos con el grupo o luchamos porque la otra parte salga de él. Ya expresamos en el tercer paso que no nos resulta fácil hacer observaciones a los demás, ni a los que consideramos amigos, porque pensamos erradamente que es un acto de deslealtad para con ellos y más en el fondo porque tememos que se enfríe la relación, ni a los que no nos caen bien, porque tememos que aflore nuestra animosidad y los otros se resientan. Por eso solemos decirnos y decir a los demás: “vamos a dejar las cosas de ese tamaño”. Hay una fragilidad personal que sólo se puede superar en el ejercicio responsable del procesamiento de conflictos. Si para nosotros lo último, que se posterga una y otra vez, es enfrentar los problemas, nunca llegaremos a ser adultos como individuos ni como sociedad.

La primera actitud que debe cultivarse para que sea posible superar positivamente los conflictos es el amor indeclinable a cada persona implicada, en el sentido preciso de buscar su bien en cada paso del proceso. La segunda es comprender que la verdad libera, aunque duela. El tercero es que cuando situaciones que se presentan como dilemáticas pueden componerse, hay que hacerlo ver y caminar en esa dirección, ayudando a cada parte a superar su postura excluyente.

Cuando sean dilemáticas, hay que hacer ver que, si hay que decidir, optar por una de las dos no implica descalificar a la persona que defiende la que se ha desechado y ni siquiera decir que su propuesta no vale. Sólo que la mayoría ve preferible la otra y que, al ponerla por obra, se verá si se estaba en lo cierto, y que hay la propensión a rectificar, si lo acordado no da el resultado previsto. En este punto la actitud que ha de cultivarse es la de combinar el comprender el asunto y comprender las motivaciones de cada persona, de manera que pueda llegarse a que las partes comprendan más integralmente el punto en cuestión y no menos que puedan llagar a entenderse entre sí.

El octavo paso es la celebración de los logros y más en general de la vida compartida

Este paso no puede faltar ya que es expresión primaria de la salud espiritual y de la calidad humana del cuerpo social. El sujeto de la celebración es el grupo como nosotros personalizado. Por eso la celebración pone al descubierto el estado en que se encuentra el grupo. A la vez que, si se realiza con una dinámica trascendente, ayuda a que el grupo crezca como cuerpo social personalizado.

Si predomina la primera dinámica, como la fiesta se limita a patentizar el verdadero estado del grupo, la celebración puede expresar su carácter jerárquico o la existencia de individualismos o de facciones. Pero también se puede realizar enfatizando la dinámica trascendente, de tal modo que quede fortalecido el carácter democrático, la relación horizontal y mutua desde los dones de cada uno, y sobre todo que quede expresado simbólicamente el horizonte trascendente hacia el que tiende el grupo y que lo unifica. Cuando se tiene en cuenta todo esto, la celebración es un momento privilegiado de comunión personalizadora.

Hay que tener en cuenta que la fiesta por su carácter desinhibido pone al descubierto lo que en la cotidianidad pasa desapercibido, pero también, si se tiene esta actitud comunional, se puede procesar superadoramente.

Hay que reconocer que la capacidad celebrativa es un punto fuerte en nuestro ambiente, sobre todo en los medios populares, y que por eso hay que actuarla de la manera más dinámica y trascendente posible.

La actitud que ha de cultivarse en este punto es la de comunión conjunta con todos los implicados y con la meta que los une y vivifica. Lo que se celebra en el fondo es la presencia de la trascendencia en la historia, la presencia de lo definitivo en lo que va fluyendo. Se sabe que los logros son siempre limitados, pero en ellos se expresa algo de la fraternidad trascendente, y los convocados se van encontrado hermanos, en medio de tantas limitaciones y desencuentros.

Esa entrega a la gracia de la fiesta que acontece, expresa la docilidad fundamental a lo que de santo late en la vida histórica. Esta salida de sí confiada para encontrarse en ese anticipo de la trascendencia es la actitud que hay que cultivar para participar de la gracia de la fiesta.

Sacerdote jesuita. Teólogo de la liberación con gran influencia en el pensamiento religioso y la vida eclesial en América Latina. Es profesor de Teología en la Universidad Católica Andrés Bello y trabaja como investigador en el Centro Gumilla de Caracas.
Publicado por  Teología Hoy
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Carlos Ayala afirma que retirarse de la OEA sería una pretensión absurda de aislamiento institucional en DDHH

Carlos Ayala es abogado especialista en Derecho Publico yen Derechos Humanos. Autor de varias publicaciones. Fue Presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (1997-98), así como Relator sobre Derechos de los Pueblos Indígenas de las Americas (1996-1999); y Presidente de la Comisión Andina de Juristas (2003-2009). Fue Miembro de la Comisión Internacional designado por el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, para el proceso de selección y nombramiento de la Corte Suprema de Justicia de Ecuador (2005); y Consultor de la ONU para el proceso de elección de la Corte Suprema de Justicia de Guatemala (2009). Defensor de derechos humanos ante organismos nacionales e internacionales; asesor en derechos humanos en varios organismos internacionales (UNESCO, ONU y otros) y organizaciones no gubernamentales. Individuo Numero 28 de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales de Venezuela, y Miembro de la Comisión Internacional de Juristas con sede en Ginebra, Suiza (2012). (Fuente)

¿Qué implicaciones tiene lo que ha declarado la Canciller Delcy Rodríguez sobre comenzar las diligencias para retirar a Venezuela de la Organización de los Estados Americanos?

En primer lugar un anuncio como ese parece más una brabuconada porque no es posible que si organizaciones internacionales como la OEA están pensando en adoptar decisiones conforme a los tratados que la rigen, simplemente si un Estado no está de acuerdo tiene derecho a que no se adopte la decisión o, en caso contrario, a irse de la organización. Salirse de la OEA no es tan fácil: implica denunciar su tratado constitutivo, y eso tiene unos pasos complejos porque si tú planteas la denuncia del tratado y la notificas ante la Secretaría Generalaún tienen que transcurrir dos años para que se haga efectiva, es decir que por los dos años siguientes después de que notifiques, sigues siendo un Estado miembro de la OEA. Además, la Carta tiene la disposición de que antes de desligarte tienes que haber cumplido todas tus obligaciones internacionales.

Esto último plantea varios problemas adicionales porque salirte como Estado miembro de la OEA tiene repercusiones tanto en el área de los derechos humanos como en múltiples otras áreas de cooperación financiera, científica, cultural, ambiental, de salud, etcétera. Fíjate que, por ejemplo, en la cooperación financiera que desarrolla el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Este es un Banco que es parte del Sistema Interamericano, es decir, los Estados miembros de la OEA son los que pueden ser Estados miembros del BID. Hay muchos que dicen, por ejemplo, que el interés de Cuba por regresar al Sistema Interamericano era básicamente por el tema financiero.

Además, pensando en el tema de los Derechos Humanos, sería muy grave porque después de la denuncia de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, la Comisión Interamericana sigue ejerciendo jurisdicción sobre Venezuela bajo la declaración de derechos americana, bajo la Carta de la OEA y otros instrumentos. Esto ha permitido protecciones cautelares, informes de la comisión, etcétera.

En ese sentido, pretender escapar del Sistema Interamericano implicaría una serie de graves consecuencias que haría pensar más bien si, además con ello, no se estaría violando no solamente el derecho internacional sino el derecho constitucional venezolano, porque de alguna manera la Carta de la OEA, al contener como uno de sus órganos principales la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, hace que sea un tratado que cumple, no solamente con los propósitos de fortalecer los derechos humanos de la Constitución (con la cual sería una decisión de carácter regresivo que restrinja la protección internacional. Sería abiertamente inconstitucional), sino que de alguna manera la carta de la OEA goza de esa situación especial de la Carta Magna que le da rango constitucional a los tratados relativos a derechos humanos. En este caso, no es un tratado de derechos humanos pero tiene disposiciones relativas a la protección de los DDHH como es la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Sería un contrasentido total, una pretensión absurda de aislamiento institucional de DDHH, financiera, científica, salud, cultural intercambio educativo… eso parece algo tan absurdo como irrealizable y muchos más en pleno siglo XXI.

¿Cuál sería la actitud responsable que el gobierno debería tomar para asumir su responsabilidad ante la OEA?

El tema es que hay decisiones sobre principios, valores y objetivos como son los de la Carta Democrática Interamericana que no siempre requieren el consenso del gobierno afectado.

Esto se trata del Estado Venezolano, que históricamente ha estado vinculado al Sistema Interamericano, no el gobierno de turno. En ese sentido, debe adoptarse una posición más de Estado, teniendo en cuenta que este está integrado por todos los poderes públicos, por la población, por los distinto sectores. Y si hay principios de la Carta Democrática como el pluralismo, la separación de poderes, las elecciones, el respeto a la voluntad popular, que están siendo señalados como violados por el actual gobierno de Venezuela, lo normal es que haya una actitud de apertura, de reconocimiento de los abusos y de restablecimiento de la normalidad institucional.

¿La aplicación de la Carta implica suspensión?

En principio es importante que se entienda que la Carta democrática está activada desde el primer informe del Secretario General. Además, hay resolución del Consejo Permanente aplicándola.

Con respecto a la suspensión: No. Tiene que ver con ir gradualmente aplicando mecanismos diplomáticos para la solución de la crisis y el restablecimiento del orden constitucional. Un ejemplo de ello sería que en esa reunión de cancilleres se cree una misión de cancilleres del hemisferio que venga a Venezuela a hacer un levantamiento de la situación; a rendir informe a la asamblea de cancilleres; a proponer salidas para el restablecimiento del orden constitucional. Venezuela tendría que cooperar con esas iniciativas.

La suspensión, que por cierto es de los privilegios y no de las obligaciones, está reservada como última carta, como mecanismo ya más de reacción y castigo que como mecanismo inicial. Es como le ocurrió al gobierno de Honduras que siguió siendo un Estado miembro pero el gobierno está suspendido temporalmente mientras se restablece la institucionalidad. En este caso, pasaron casi dos años hasta que tuvieron lecciones, se firmó en Cartagena un acuerdo para normalizar la situación y así hubo de nuevo incorporación plena a la OEA.

¿Cuál es el costo político para el país de esta negativa del gobierno a aceptar el apoyo internacional para el restablecimiento del orden democrático?

Yo pienso que eso va ocasionando un aislamiento del país. En el ámbito internacional, va pareciendo un país contracorriente: que se va aislando; un país donde van ocurriendo situaciones que preocupan cada vez más a la comunidad internacional. No solamente a la OEA sino a las Naciones Unidas.

La consecuencia es la percepción de un gobierno que para no restablecer la normalidad del orden constitucional democrático ha optado por aislarse y seguir extremando esas violaciones. Indudablemente esto no ayuda ni al gobierno ni al país para que sea percibido como un Estado serio, garante de los derechos humanos, que cumple con sus obligaciones internacionales. Eso, aparte de tener consecuencias como las que mencioné, seguramente aleja y espanta inversiones, así como también tiene consecuencias en todo el orden de la cooperación internacional.


Jennifer Peralta
Prensa Provea

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