De la masacre de El Amparo a Barlovento

Marino Alvarado | Las razias represivas denominadas Operación de Liberación del Pueblo (OLP) vuelven a dejar como resultado una nueva masacre contra el pueblo. Esta vez más grave. La desaparición forzada y asesinato de 12 personas en la población de Barlovento. El pasado 26 de noviembre el Ministerio Público informó que por esa masacre habían sido detenidos 11 efectivos del Ejército.

Lo ocurrido no es casualidad. Desde hace varios meses he venido denunciando junto a otros activistas de derechos humanos que los grupos comando de varios organismos policiales y de la Guardia Nacional, los han transformado en escuadrones de la muerte. Se le ha dado tanto poder para atropellar a la población, que no pueden evaluarse como sucesos aislados.

Es también una consecuencia directa del progresivo proceso de militarización de la seguridad ciudadana, hasta el punto de involucrar ya no solo a la Guardia sino al Ejército. Varios años involucrando a la Fuerza Armada de manera inconstitucional en una labor que le corresponde a las policías. Una distorsión en las políticas públicas de seguridad que no ha logrado disminuir el delito, pero si incrementado las violaciones a los derechos humanos.

No podemos olvidar que en 2006 integrantes del Ejército también realizaron otra masacre en la población de La Paragua, cuando asesinaron a seis mineros. Desafortunadamente, por esa masacre, los responsables fueron condenados a menos de cinco años de cárcel.

Lo ocurrido con la masacre de Barlovento poco se diferencia de la masacre de El Amparo ocurrida en octubre de 1988, cuando fueron asesinados por policías y militares 14 pescadores. Es la misma historia de graves violaciones a los derechos humanos mediante el uso deliberado de las armas para asesinar a mansalva a población indefensa. Tal como ayer, fue la constancia de los familiares y sobrevivientes en denunciar lo que permitió que se conociera la verdad. Igualmente la asesoría prestada por organizaciones de derechos humanos, pues las familias contaron con el respaldo de la Red de Apoyo por la Justicia y la Paz.

En esta oportunidad, en la investigación sobre la desaparición forzada-asesinato en Barlovento, hay que reconocer una rápida y eficaz actuación del Ministerio Público, que en los últimos tiempos ha dado muestras de mayor capacidad y voluntad para investigar las violaciones a los derechos humanos perpetradas por policías o militares o casos muy graves como la masacre de Tumeremo.

No obstante, si se cuenta cada mes la cantidad de personas que presuntamente son ejecutadas en los operativos OLP, en el país, estamos en presencia de una masacre continuada

No basta que voceros del Ministerio de la Defensa hayan públicamente afirmado que se facilitó la investigación de la masacre de Barlovento. Esa actitud es positiva. Sin embargo, si se sigue alentando a los cuerpos policiales y militares para que intervengan en las zonas populares con los niveles de violencia que actúan, posiblemente se repetirán las masacres. No obstante, si se cuenta cada mes la cantidad de personas que presuntamente son ejecutadas en los operativos OLP, en el país, estamos en presencia de una masacre continuada.

Es urgente detener los operativos OLP. Se requiere una política de seguridad ciudadana que combata el delito con eficacia, pero con pleno respeto a los derechos humanos y que de verdad le dé importancia a las políticas preventivas. Una política de seguridad ciudadana que retome la filosofía original de la Gran Misión a Toda Vida que fue peligrosamente distorsionada por el gobierno de Nicolás Maduro, quien reivindica las políticas de mano dura, las cuales han fracasado históricamente en Venezuela y América Latina.

Publicado por Provea

La Mitología de la Libertad y la Democracia

Por  Dhananjayan Sriskandarajah

 

Dr Dhananjayan Sriskandarajah es Secretario-General de CIVICUS, la alianza global de la sociedad civil

Dr Dhananjayan Sriskandarajah Secretario-General de CIVICUS, la alianza global de la sociedad civil

 

LONDRES, Nov 7 2016 (IPS) – Muchos ciudadanos estadounidenses creen instintivamente que aún viven en la tierra de la libertad, pero un nuevo sistema de calificación de derechos globales muestra que el país es mucho menos tolerante de lo que piensan.

El primer examen sistemático a nivel mundial que evalúa cuán bien los países defienden las libertades cívicas fundamentales -para protestar, organizar y reclamar-, revela un significativo deterioro en la protección de estos derechos constitucionales en Estados Unidos.

Desde las calles hasta el internet, el espacio cívico está siendo disputado y restringido, amenazado por una nueva era de autoritarismo de Estado. Personas de color y movimientos sociales como Black Lives Matter experimentan rutinariamente y de primera mano, acoso y violencia policial. Arrestos masivos, el uso de fuerza excesiva, leyes que exigen la obtención de autorización previa para reuniones pacíficas e infiltración encubierta de policías en protestas pacíficas eran antes el territorio de regímenes autoritarios, pero estas tácticas conflictivas y barbáricas están siendo usadas con cada vez más frecuencia por el Estado para suprimir a sus propios ciudadanos.

La batalla por la libertad en internet es furiosa, impulsada por la Agencia Nacional de Seguridad, posiblemente los líderes mundiales en recolectar información de las comunicaciones electrónicas privadas de la gente. ¿Qué tanta libertad de expresión puede haber cuando estamos conectados a un sistema de vigilancia de tan terrorífico potencial opresivo?

Los Estados Unidos, por supuesto, no es el único y hay decenas de países en el mundo en los cuales los gobiernos están reprimiendo protestas con incluso más fuerza, cerrando organizaciones con débiles pretextos y silenciando brutalmente la disidencia al intimidar y asesinar defensores de Derechos Humanos, abogados y periodistas investigativos.

Desde las calles hasta el internet, el espacio cívico está siendo disputado y restringido, amenazado por una nueva era de autoritarismo de Estado.

Puede que las violaciones de derechos en países como Bahrein, China, Cuba, Etiopía, Irán, Corea del Norte y Arabia Saudita sean bien conocidas, pero la escala de la actual crisis global de derechos es impactante.

Los resultados del último Monitor CIVICUS concluyen que más de 3,2 billones de personas viven actualmente en países donde el espacio cívico está siendo reprimido o cerrado. Lo más alarmante es ver cuán pocos países tienen espacio abierto según esta clasificación – tan solo 9 de los 104 de los que se posee información verificada.

En muchas democracias maduras y respetables como los Estados Unidos, Australia y Hungría, el espacio cívico se enfrenta a una nueva ola de amenazas. Justo hace una semana, una autoridad de las Naciones Unidas expresó sus preocupaciones sobre Australia, donde un paquete de nuevas leyes, así como el vilipendio público de defensores de Derechos Humanos por parte de altos dirigentes gubernamentales, está teniendo un “efecto escalofriante” en la sociedad civil. Citó una variedad de medidas que ahora se combinan para generar “una enorme presión” sobre la sociedad civil, desde la intensificación de leyes de opacidad informativa, hasta la proliferación de legislación en contra de las protestas.

Europa podría ser considerada el hogar de todos los nueve países clasificados como “abiertos”, pero no todo marcha bien allá tampoco. Hungría, que en algún momento fuese un ejemplo de esperanza democrática luego de la Guerra Fría, ahora clasifica como un país que posee espacio cívico “obstruido”. En el último año, al encontrarse en el centro de los flujos de refugiados hacia Europa desde Siria y el norte de África, el gobierno húngaro ha instalado una cerca en torno a la frontera en el sur de Hungría, y presentado un paquete de políticas que restringen la inmigración y aumentan los controles en la frontera. Las ONGs que han criticado la respuesta gubernamental han sido amenazadas con ser ilegalizadas y sometidas a investigaciones judiciales y administrativas sin fundamentos, mientras que periodistas francos han enfrentado rutinariamente cargos criminales por difamación presentados por políticos.

Si bien la élite está permitiendo estos abusos, es la combinación de estos con la desigualdad económica que ha impulsado resistencia civil en todo el espectro político. Por un lado, los movimientos radicales masivos de Occupy y los revolucionarios de la Primavera Árabe buscaron un cambio de sistema. Por el otro, el populismo Anti-Sistema alimentado de diferentes formas por la insurgencia de militantes de Trump y algunos separatistas del Brexit, sigue de cerca una revuelta alianza de nacionalistas de derecha que manejan narrativas tóxicas y divisivas que buscan culpar a la llegada masiva de desplazados a Europa, de todos los problemas de la sociedad.

La tecnología es un catalizador para estos cambios y está moldeando nuestros hábitos electorales. La ventaja de movilización que la Campaña Presidencial de Obama en 2008 creó al construir nuevas herramientas para aprovechar grandes flujos de información, es accesible para todos ahora, y hace de la organización colectiva una tarea más fácil que nunca. Sin embargo, a pesar de toda esta información, las encuestadoras están teniendo cada vez más problemas para predecir ganadores. En los referendos recientes en Reino Unido y Colombia, las encuestas se equivocaron. ¿Podría alguien declarar el resultado de la carrera presidencial en América con alguna certeza, incluso un día antes de las elecciones?

Para algunos gobiernos, esta democracia desastrosa e impredecible ha generado un reflejo autoritario aparentemente irresistible. Temerosos de su propia gente, muchos Estados están tomando medidas para evitar que sus ciudadanos critiquen la autoridad o exijan que sus necesidades sociales y económicas básicas sean satisfechas. Desde los activistas locales hasta las grandes ONGs internacionales, los actores de la sociedad civil están siendo vilipendiados por gobiernos que los acusan de ser agentes de poderes extranjeros, dedicados a desestabilizar las mismas comunidades a las que pertenecen y cuyos derechos buscan proteger.

Quizás podamos mitologizar la libertad, pero solo una sociedad civil libre y vibrante mantiene a raya el extremismo, la intolerancia y la exclusión. Las restricciones estimulan las condiciones febriles en las que prospera el populismo de derecha y es hacia este terreno que muchas democracias maduras en el mundo se dirigen.

Quien sea que se convierta en el próximo Presidente de los Estados Unidos, enfrenta una decisión crucial entre restaurar por completo las libertades cívicas de los ciudadanos o seguir la tendencia global que está socavando la legitimidad de nuestros gobiernos y dañando nuestras democracias.

Una democracia saludable no solo se sustenta en la ausencia de violaciones; necesita que aquellos que detentan el poder, tomen medidas proactivas para garantizar la acción ciudadana, para tolerar la oposición y proveer plataformas para el diálogo significativo. Los gobiernos de Estados Unidos y el resto del mundo deben dejar de temer el poder de su gente, y en su lugar incentivar la ciudadanía activa.

Lea el texto original en inglés: Aquí

Traducción al español: Javier Liendo para Sinergia

¡Mantén la cabeza fría!

Armando Janssens
23 DE OCTUBRE 2016

Lo digo con frecuencia a mí mismo: “No te enerves, mantén la cabeza fría”. Y lo digo también con frecuencia a mis más cercanos amigos y colaboradores: “No te enganches tan fácil, guarda el equilibrio, mantén tu cabeza fría”. Igualmente lo quiero repetir a mis socios de tantas organizaciones sociales de promoción y de derechos humanos que diariamente están confrontados con problemas y situaciones que sobrepasan su alcance y capacidades: “por favor, no te ahogues, mantén tu cabeza fría”.

Rodeado de tantos hechos que preocupan y reflejan la decadencia de nuestra convivencia. Rodeado de un ambiente en el que la violencia, en sus formas más crueles, se pone presente. Rodeado de una vida pública masacrada en dinámicas contradictorias tanto en el campo político como en lo social. Rodeado de discusiones estériles con verdades supuestamente evidentes que se convierten en mentiras contundentes. Rodeado de desinformación bien pensada en cenáculos secretos para ser vendidos como las grandes verdades y para llegar como dijo el papa Francisco a una forma de terrorismo. Rodeados de un supuesto deseo de diálogo, pero sin condiciones, así que simplemente no hay diálogo. Rodeado de palabras de paz con sus banderas, manifestaciones y reuniones masivas que en su intención no tienen nada de paz, sino todo de guerra.

Pero además, y especialmente rodeado de miles de personas que a diario buscan que comer y donde conseguir algo para su familia, sin olvidar delante de mis ojos a los menesterosos buscando en la basura. Miles de personas que mueven cielo y tierra para encontrar el medicamento apropiado para los flagelos y enfermedades que desde antaño estaban erradicadas y por nuestro descuido se ponen presente con su poder mortífero.

Y en medio de todo eso mantengo mi opinión y posición con insistencia: ¡Mantén tu cabeza fría!, no te dejes llevar demasiado por tus emociones y sentimientos que nos llenan de un profundo sentimiento de indignación y hasta desesperación. En medio de este huracán que nos envuelve y arrastra, necesitamos la solidez y la madurez para convertirnos en portadores del futuro, de un cierto optimismo realista, que expresa la riqueza de nuestra experiencia acumulada y nuestra vocación humana fortalecida en el trabajo social.

Observa con detenimiento los centenares de iniciativas que por todas partes surgen para aliviar la situación de escasez y hambre que nos rodea. Observa las ollas comunitarias que en tantas partes los voluntarios preparan los fines de semanas y dan apoyo nutricional desde la solidaridad. Observa los miles –repito, miles–de meriendas, comidas y complementos nutricionales que por tantas partes se ofrecendesde nuestras iglesias y en especial desde las vicarías pastorales. Observa los centenares de iniciativas que promueven tantas fundaciones y grupos de voluntarios para dar un momento de alegría y de desahogo a nuestros niños en medio de tanta pena. Observa con tus propios ojos lo pequeño y lo grande que se hace cercano a ti y añade juntos con los demás tu propio aporte. Vive con intensidad la multiplicación de los panes, como símbolo actual, por insignificante que puede parecer, frente a la gravedad de los problemas.

Así nuestra actuación no puede ser sesgada ni cerrada. Por motivo de mis más profundas convicciones cristianas quiero estar abierto al otro, también si piensa y actúa diferente a mis pensamientos y valores. Espero que nunca deba apelar a la violencia, al insulto y a la degeneración de prejuicios. “Griego con los griegos, judío con los judíos”, como dictaminó san Pablo, y lo traduzco en mi situación actual, quiero entrar en su piel y su pensar para desde adentro traducir eso en valor y quizás aportar en su conversión. Juntos con todos y todas de buena voluntad debemos apuntar con esperanza el futuro.

Pero sí tengo mis convicciones que no se compran ni se venden. No acepo la mentira y los juegos jurídicos que hoy en día dominan los actos gubernamentales. No acepto la propaganda que tapa la cruda realidad de la vida de inseguridad. No acepto las acciones policiales que se dan el derecho de matar a los hampones y a sus vecinos inocentes. No acepto el permanente trancazo que sufren las fuerzas de oposición de parte de los poderes instituidos, de manera tan sesgada.

Y estoy con mi gente del barrio cuando busca solidariamente formas para sobreponerse a su situación de pobreza y hasta en algunos casos de hambre. Estoy con mi gente cuando habla de sus niños y de su futuro que ellos siempre mantienen con pizcas de esperanzas. Estoy con mi gente que quiere salir de este permanente rollo de angustia y temor, y juntos encuentran un alivio en la oración compartida. Estoy con mi gente cuando grita su derecho de ser oído y quiere expresarse en un revocatorio, tan cerca y tan lejano. Estoy con mi gente cuando en intimidad habla con su Dios que es sin duda Amor.

¡Mantén tu cabeza fría! Vive tu derecho de participar en democracia, pero no la conviertas únicamente en “Emocracia” en la que gana el sentimiento y no la convicción.

Guarda fuerza para mañana y pasado mañana. La seguiremos necesitando.